La idiotez, la simple y llana tontería, es el motor histórico más ampliamente subestimado. Pero ¿tontos? Las teorías del complot tienen siempre el mismo guion. Que el mundo está sometido a un plan, aunque sea un plan maligno, y no al azar y el error. En nuestra cabeza, el motor de esas obras es una mezcla de narcisismo y corrupción –siempre aparece la corrupción–.