Respira egolatría, está ensoberbecido y su aura refleja envalentonamiento. El miércoles, Donald Trump sentado en la oficina Oval con cuatro reporteros del diario The New York Times -periódico que no “comulga” con las políticas del presidente estadounidense- y a pregunta directa de que si “Observa algún tipo de control sobre su poder en el escenario mundial? ¿Hay algo que pudiera detenerlo si quisiera hacerlo?”, su respuesta fue arrogante: “Si, hay una cosa. Dicho en sentido figurado, “No hay poder humano que pueda detenerme”. Sencillamente, a Trump no hay poder que lo detenga.