¿Qué podemos esperar de tres relaciones que sólo a largo plazo, en la larga duración, pueden modificase sustantivamente? Energía primaria requerida por la producción –anual, digamos– de bienes y servicios, lo que por cierto incluye energía para el trabajo productivo y para el trabajo improductivo. Éstas nos permiten –con todas las imprecisiones implicadas– trascender las diferencias físicas de combustibles y energéticos. Esto, en buen romance –gustaba decir mi hermano Carlos Morera– significa menor energía por unidad de producto. Y para atender qué volumen y qué tipos de energía final, en orden de satisfacer los usos finales de los diversos sectores de la sociedad.