Nadie tenía duda, en el verano de 1919, que Enrico Caruso era el más grande cantante de ópera en todo el mundo. Entonces, fueron miles los que desearon con toda su alma escuchar a Enrico Caruso, y su visita a México se convirtió en una ocasión de contento colectivo. La ópera, en aquellos días, se podía convertir en un perfecto escenario para actividades con valor político o simbólico. En la función del 2 de mayo, estaba programada “La Traviata”, aderezada con diversas presentaciones en los entreactos. Las reseñas de la época afirman que el homenaje fue un desastre, con medio mundo desafinando y el público abucheando a los cantantes.
Source: La Crónica de Hoy June 10, 2018 04:30 UTC