No obstante ese peligro, es la actual una época adecuada para destilar el espíritu o la rebeldía y autonomía de Brecht. Perseguido por el nazismo, reacio a la guerra —a la que consideraba estúpida y promovida sólo por locos e interesados en lucrar con ella—, crítico de los negocios sucios y de la vida acomodada que convivía con la indigencia de la población, enemigo de la conformidad vacuna y de la militancia sin juicio, fue, como sabemos, obligado por sus acosadores a vagar por diversas ciudades en Europa (también Estados Unidos) hasta volver, finalmente, a Berlín del Este. He querido recordar a Brecht, porque veo los restos de este país cada vez más dispersos y disueltos en la tontería mediática y en un vida doméstica vulnerable. La reducción continua del presupuesto a dependencias de índole cultural como Educal, empresa necesaria en el tráfico de libros en el país, y otras, son muestra de testarudez legislativa y administrativa al respecto. Entre ambas aserciones nos enlodamos cada vez más: la promoción de héroes que nos salvarán de la desgracia y la voracidad financiera sin control que se expande en un horizonte despejado.
Source: El Universal February 05, 2018 07:41 UTC