A menudo estas creencias devienen en fanatismos; la existencia de matices se diluye, siendo casi imposible tender un puente al otro lado para aproximar ideas. Las decisiones trascendentales, aquellas que afectan nuestras vidas y las del país, deberían estar motivadas sólo por aquellas ideas ubicadas en el cuadrante de la racionalidad. La sociedad sólo retomó el progreso cuando volvió a refundarse en el saber, construida sobre los hombros de una oposición racional de ideas. Todos hemos caído en la trampa que nos tendieron. O se apoya incondicionalmente las ideas del poder de turno o se pertenece a una construcción social de “enemigo del pueblo”.
Source: Excélsior June 19, 2019 07:30 UTC