El problema no es sólo quién desaparece, sino quién no busca, quién no identifica, quién no investiga y quién termina beneficiándose de ese vacío. Una democracia puede soportar el reconocimiento de sus crímenes; lo que la erosiona de verdad es la normalización de la impunidad. Un Estado soberano no es el que niega la crisis, sino el que la enfrenta con verdad, justicia y reparación. Cuando la prioridad oficial es desacreditar al órgano internacional, lo que se exhibe no es fortaleza, sino vulnerabilidad política, contradicción de la ¿izquierda? En ese punto, una comisión de la verdad no sería una extravagancia, sino el reconocimiento de que las vías existentes no han bastado.
Source: Excélsior April 10, 2026 08:33 UTC