Se dijo que la liberación de los precios de la gasolina y otros combustibles se instauraba como una medida para estimular la competencia entre expendedores y para que así la oferta y la demanda se encargaran de establecer los precios, supuestamente en beneficio de los consumidores finales, como lo aseguraba la administración federal anterior al anunciar esto como parte de la reforma energética promulgada hace casi tres años. Con ello, se dieron por concluidos los denominados “gasolinazos”, que hasta antes de la salida del gobierno en el control del precio de estos productos, se caracterizaron por un leve pero progresivo incremento que se aplicaba de tanto en tanto para que el consumidor no lo resintiera tan bruscamente. Un estudio presentado por la empresa PETROIntelligence sobre hábitos del consumidor mexicano de gasolina y diésel, refiere que los propietarios de los 36 millones de vehículos que se mueven en todo el país con esos combustibles, es la cercanía con la estación de servicio y no el mejor precio lo que los lleva a optar entre una u otra marca. Las quejas son frecuentes por los denominados gasolinazos pero en los hechos el consumidor prefiere su comodidad por encima de la oportunidad de adquirir el combustible con un mejor precio, lo que parece una contradicción cuando sus mayores reclamos son por el costo de los insumos de la vida diaria. Al mexicano aún le falta mucho entrenamiento y comprensión acerca de las reglas que dominan sobre el libre mercado y entender que él puede incidir sobre éste al llevar a los expendedores a entrar en competencia por ganar clientes, y con ello bajar sus precios en beneficio de todos.
Source: El Universal December 15, 2019 06:26 UTC