Los abrazos, en su aparente sencillez, guardan una fuerza esencial que nace de lo más hondo de la naturaleza humana. Son un lenguaje silencioso capaz de cruzar fronteras, culturas y palabras, un acto íntimo donde la emoción se expresa sin necesidad de voz. En ese encuentro de cuerpos habitan el consuelo, la empatía y la complicidad, como un refugio que calma y repara. Ubicado en el lenguaje del performance, este acto rompió con las convenciones tradicionales del arte al transformar el encuentro humano en una manifestación física y emocional. Las fronteras y los límites siempre se han inventado para proteger un territorio que puede ser físico, psicológico, social, económico, mágico o sentimental.
Source: El Siglo de Torreón January 19, 2026 16:42 UTC