El Estado quiso “educar” la conciencia pública y, al hacerlo, tocó fibras que no se tocan sin consecuencias. En ese clima, la ley dejó de ser solo regla y empezó a presentarse como pedagogía del alma; cuando una norma pretende enseñar lo último —el sentido, lo sagrado—, comienza a exigir adhesiones que no se decretan. Conclusión: Cuando la ley perdió oído y la conciencia perdió palabrasLa persecución comienza cuando la ley deja de dialogar con la conciencia. Entonces la ley se vuelve martillo, la fe se vuelve trinchera y la vida queda atrapada entre dos fuegos que aseguran protegerla. Y queda abierta la pregunta que guiará el siguiente artículo: ¿en qué momento exacto la persecución dejó de ser ley… y se convirtió en guerra abierta?
Source: EL Informador March 15, 2026 13:03 UTC