Sin embargo, como podría entenderse el pillaje de un pan o de un litro de leche para saciar el hambre, atracar un libro podría ser un delito menor, dependiendo de la finalidad por la que uno esté dispuesto a perpetrarlo. En una sociedad como la nuestra, conforme o resignada a la cleptomanía de la clase política o del empresariado, condenarla per se es una impostura. Ese modelo pasa por la inspiración o la invención del artista, quien está en todo su derecho de crear lo que le plazca. Si se pretende forjar una sociedad verdaderamente plural, incluyente, y sin dogmas nocivos, es fundamental respetar la mirada del otro. Ignorar una obra plástica es más fácil de lo que parece, nuestros ojos a diario pierden muchas cosas.
Source: Milenio December 14, 2019 12:56 UTC