Apenas inicie el periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión —el próximo 1 de febrero— comenzará la colocación de una bomba de profundidad, en el corazón del sistema político mexicano, destinada a detonar un año después, en 2027. No es una metáfora exagerada: se trata de la concurrencia de procesos electorales y del rediseño institucional. Reformas que se pretenden aprobar con suficiente anticipación para que, cuando llegue el momento, ya no exista margen de corrección. Sin embargo, lo relevante no es tanto el origen de la iniciativa como su oportunidad política y sus efectos acumulados. Lo que se ha venido preparando es una reforma de régimen, diseñada para operar plenamente en las elecciones de 2027, el año en que México enfrentará la mayor concentración de procesos electorales de su historia reciente.
Source: Diario de Yucatán January 07, 2026 20:07 UTC