Los escritores que no tienen nada qué decir sólo hablan de literatura. Los plomeros que no tienen nada qué decir sólo aluden a la plomería. La desdicha y el infortunio no son patrimonio creativo y exclusivo de los escritores o de los poetas malditos; la melancolía ha dejado atrás el escenario del arte. Brissette ha propuesto aquí al infortunio como la clave del escritor maldito, melancólico, que se extiende a partir del siglo XVII, en Francia. En la mesa de La Dominica los bebedores desdichados parecen interpretar a un conjunto de Baudalaires mexicanos, sin por ello ser artistas malditos: sólo carne parlante e infortunio urbano.
Source: El Universal January 06, 2020 07:41 UTC