La iniciativa presidencial presentada en el Senado el 17 de marzo, conocida como el Plan B, no es “una reformita descafeinada” como la han minimizado algunos actores políticos impacta negativamente la calidad democrática desde tres flancos: la modificación de las reglas de la consulta popular sobre la revocación de mandato, la reconfiguración del federalismo presupuestal y la reorganización de las instituciones municipales. Este cambio es tan importante que puede determinar los resultados electorales de 2027. El segundo y tercer movimiento, se relaciona con las reformas a los artículos 115 y 116. Es decir, con estas modificaciones, la Federación impone un diseño presupuestal uniforme a realidades estatales profundamente distintas. Pero, el federalismo no es sólo distribución de competencias; también es reconocer el margen de autoorganización política y presupuestal a estados y municipios.
Source: Excélsior March 21, 2026 21:48 UTC