La violencia que conduce a estas fosas es de naturaleza compleja: no siempre obedece a una sola lógica criminal que reproduce rutinas de violencia, reclutamiento y desaparición. Las fosas clandestinas operan como un espacio de negación del derecho a la verdad, un vacío institucional que transforma la tierra y el cuerpo en signos de lo indecible. Este estado de cosas exige extender el análisis más allá de las demandas de justicia por casos específicos para preguntarse por las condiciones estructurales que han permitido que las fosas clandestinas se conviertan en un “elemento ambiental” de la vida mexicana. Finalmente, la presencia de fosas clandestinas nos enfrenta a una pregunta urgente: ¿cómo reconstruir comunidades que han visto su historia facturada y enterrada en agujeros repletos de dolor? Estas fosas representan el empuje de una violencia que mata personas y que desestructura la posibilidad de pertenencia, de horizonte temporal y de sentido.
Source: Excélsior February 09, 2026 08:20 UTC