De tanto hacer del presidencialismo en el Perú la llegada al poder y la salida del poder de la peor manera, hemos terminado envileciéndolo, al punto de convertirlo en el grave y permanente mal de la presidencialitis. Tampoco para el respeto por el otro ni por las reglas de juego de sana convivencia política. Es urgente una puesta en orden del poder presidencial, desde el camino de su elección hasta su ejercicio pleno. No podremos librarnos del mal de la presidencialitis –la persecución del máximo poder, no importa el precio material o moral que sea– mientras el puesto número uno de la nación no sea visto para servir, sino para lucrar. Necesitamos a un presidente lejos de los negocios con el Estado y al Estado lejos de los negocios que quisiera hacer un presidente.
Source: El Comercio February 10, 2026 20:32 UTC