Comenté ayer aquí lo desconcertante que fue para millones de mujeres que participaron en las marchas del domingo pasado, tal vez las más nutridas de la historia, y en el inédito Paro Nacional del lunes 9 de julio, la respuesta que dieron a sus pancartas, consignas y ausencias los gobiernos federal y estatal. Esta voluntad quedó materializada con la visita que hizo personalmente el rector, al día siguiente de la marcha, a los muros y a la explanada de la rectoría universitaria para tomar nota de las acusaciones de acoso y otras violaciones a los derechos humanos de las alumnas que quedaron plasmadas ahí en las pintas de protesta, y la decisión institucional de no borrarlas hasta no sistematizarlas y abrir los expedientes respectivos. El reto será ahora mostrar con acciones contundentes que no se trató sólo de un acto retórico de relumbrón, y que se irá a fondo en la erradicación del grave problema del acoso sexual en las aulas y en las oficinas universitarias, que como en muchas otras instituciones, se ha padecido siempre. Pero por lo pronto, el posicionamiento del rector ante los reclamos feministas contrastó y dejó ver en toda su dimensión la insensibilidad y falta de empatía del gobierno federal y estatal ante esta agenda, en pleno año de revisión de los compromisos contraídos por el gobierno mexicano hace 25 años en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de 1995, que la ONU considera como el programa más visionario para el empoderamiento de las mujeres y las niñas en todo el mundo. jbarrera4r@gmail.com
Source: EL Informador March 13, 2020 12:33 UTC