Hace algunos días, en el Líbano, un sacerdote cristiano fue asesinado mientras prestaba apoyo a su comunidad durante un ataque israelí. Esto a partir de las relaciones que suscribimos en nuestras vidas privadas y las microacciones que realizamos en público. La clave, en nuestro caso particular, parte del reconocimiento de la bicentenaria cultura de la guerra, que tanto daño nos sigue causando. Y para ello la denuncia contra la muerte que ellos portan en su ADN es fundamental. Porque cuando el amor a la vida desaparece, señalaba el argelino Albert Camus, “ningún significado puede consolarnos”.
Source: El Comercio March 15, 2026 21:33 UTC