No se les dice adiósEdgardo Arredondo Gómez (*)Ahí estaba en mis manos, lo saqué de su envoltura de plástico de color guinda. Lucía tan nuevo, el color negro brillante; sus casi 80 dientes con un tamaño y grosor que decrecía de izquierda a derecha, hasta tener las más finas al final. El resultado era tan contrastante: de pronto nos crecían las orejas y en la frente un remolino envaselinado coronaba nuestro nuevo look. La madre lo reprimió: “¡Niño, no sea grosero!”, claro que lo hizo después de que la infeliz dejó de reírse. En efecto, lo tomé y me di una rascada en la cabeza que ni la manita para hacerlo en mi espalda la igualaría.
Source: Diario de Yucatán September 30, 2020 08:03 UTC