En 2005 me convertí en profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). La ilusión de viajar cómodamente se canceló y volvimos a la dura, a la implacable realidad: llegar a la última estación subterránea, Atlalilco, y tomar ahí un autobús RTP hasta el destino de cada quien. Ese destino era, para mí, el mismo de cuando llegaba en el tren elevado: la estación Olivos, pero ahora arribaba en autobús; algunas veces, fastidiado y exhausto, en taxi, hasta el plantel. En 2015, por problemas de salud, dejé de dar clases en Tezonco y me mudé al Centro Vlady, en Mixcoac. Muertos, heridos, el tren descoyuntado, la estructura elevada hecha pedazos sobre el camellón de la avenida Tláhuac.
Source: El Universal May 06, 2021 08:15 UTC