Ya en el salón, Silvestre, uno de los muchachos que trabajaba conmigo y quien me pidió que bajara, me mostró el par de tibores franceses del siglo XIX, de aproximadamente 50 cms de altura, que saldría a subasta el siguiente jueves. Llegó el día de la subasta y los tibores se vendieron. A los pocos días, el nuevo propietario los recogió y se los llevó con todo y las cenizas de un desconocido. La persona que trajo los tibores vino a las oficinas a recoger su cheque en la fecha que decía el contrato y le platicamos la historia del hallazgo. Es muy común que se encuentren extras en los objetos, muebles, libros que vienen a buscar una nueva vida después de la subasta.
Source: El Universal June 07, 2019 10:48 UTC