En un periodo de cincuenta años la política en México ha pasado por el idealismo socialista de los años sesenta, por el idealismo partidista de los años noventa, y por el idealismo democrático de los primeros años del presente siglo, para llegar finalmente a una profunda crisis de lo que es y debe ser la función pública y el ejercicio político. El socialismo muchas veces pro comunista de la primera etapa, generó líderes muy honestos y comprometidos que realmente buscaban un cambio radical que beneficiara a sectores de la población cada vez más marginados del otrora “milagro mexicano”. La rapidez con que todo otro partido, nuevo o viejo, se corrompía, puso el acento en lograr entonces una sociedad democrática y participativa, capaz de sujetar tanto a los partidos como a los gobiernos emanados de ellos, llegando incluso a establecer las candidaturas independientes. Otro síntoma igualmente penoso es el surgimiento de políticos a los que nuevamente sólo les interesa la conquista del poder, pero carecen de planteamientos sociales, económicos y morales sinceros que diseñen metas realizables en beneficio de todos, metas sobre todo de carácter democrático que ayuden a la sociedad a superar su enajenación política, puerta de todo abuso y permisividad. armando.gon@univa.mx
Source: EL Informador December 06, 2020 12:33 UTC