Acostumbrada la clase política en el poder a jugar a los hechos consumados y a tener que aceptarlos, no importa cuáles sean sus consecuencias legales y constitucionales, dentro de 24 horas estaremos, una vez más, frente a un nuevo acontecimiento de este tipo. Así, con la convalidación de los hechos consumados, vamos normalizando aun más la anormalidad institucional y formalizando aun más la informalidad política. En cualquiera de los dos casos opera el juego de los hechos consumados. Estemos preparados para estos dos juegos de hechos consumados: el juego de un voto de confianza en el que veremos cualquier cosa, pero que terminaremos por aceptarlo en función de lo que llamamos “estabilidad política” electoral y el juego no descartado de la negación del voto de confianza que supondrá, en la práctica, poner de cabeza al Gobierno, garante de la votación del 12 de abril, obligándolo a la acrobacia política, casi mágica, de recomponer su gabinete en el momento más caliente y final de la campaña electoral por la primera vuelta. Después de hechos consumados como la disolución del Congreso el 2018, la admisión por el JNE de la plancha presidencial incompleta que llevó a Castillo al poder en el 2021 y la atropellada sucesión de José Jerí por Balcázar, queda en el pasivo histórico del país la total incapacidad de nuestros sistema político y jurídico de hacer un control de daño y, si es posible, de revertir aquellas alteraciones del orden legal y constitucional que solemos pasar por agua tibia.
Source: El Comercio March 17, 2026 21:06 UTC