En el acontecer internacional, el año que está por terminar será sin duda recordado por el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania, que empezó el 20 de febrero con la invasión del norte, el este y el sur del territorio gobernado por Kiev y que hasta la fecha no tiene visos de solución. Aunque sorpresiva e inesperada para la mayor parte de la opinión pública internacional, la operación militar especial lanzada por el Kremlin contra el país vecino fue la culminación de diversos diferendos irresueltos entre las dos partes y de los que Occidente se aprovechó o desatendió. Por añadidura, la invasión rusa a Ucrania encuentra resonancias reales o supuestas en Asia oriental, particularmente en el estrecho que separa a Taiwán de China continental y en la península coreana, donde a falta de acuerdo de paz entre los dos países que la forman prevalece un frágil armisticio que en 2023 cumplirá siete décadas de firmado. Por otra parte, gobiernos y medios occidentales han reaccionado al conflicto con una beligerancia que pareciera motivada por el deseo de prolongar y complicar la guerra: desde suministros masivos de armamento a Ucrania hasta la proliferación de discursos abiertamente rusófobos. La Unión Europea, severamente afectada por una suspensión de los suministros de gas ruso que ella misma provocó, parece haberse resignado a ser el vagón de cola de Estados Unidos, mientras entre éste y Rusia se acentúan las tensiones y las expresiones altisonantes.
Source: La Jornada December 30, 2022 13:10 UTC