En la multitudinaria ceremonia, la forma se convirtió en fondo: ante la simbólica huida de Bolsonaro a Miami dos días antes del final de su mandato, fue una cartonera quien impuso a Lula el emblema patrio. Como Da Silva destacó en su discurso inaugural, hereda un país en terribles ruinas tras seis años (los de Bolsonaro más los dos del usurpador Michel Temer) de destrozos sin precedente. Para colmo, permanece intacto el aparato político-institucional que dio el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en 2016 y encarceló ilegalmente a Lula para impedirle presentarse a las elecciones de 2018 (en las cuales era claro favorito). Por ello, el líder histórico de la izquierda brasileña requerirá de toda su experiencia y de un decidido respaldo popular a fin de sortear los obstáculos que le interpondrá la oligarquía. Por el bien de Brasil y de toda nuestra región, cabe desear el mayor éxito al mandatario.
Source: La Jornada January 02, 2023 20:01 UTC