Es fácil ser amable y ofrecer el lugar cuando el lugar importa poco o ceder el paso cuando tenemos tiempo de sobra. Su pecado, a ojos de quienes le fracturaron dos dedos, es que su sola presencia los ponía en riesgo a todos. Una comunidad amenazó con destruir un hospital de la zona si se atrevía a recibir un enfermo de coronavirus. La miseria no te convierte en mejor persona moralmente y ser rico no te hace generoso, está claro. Minar esos esfuerzos por consigna o perversión política equivale a dinamitar el barco en el que viajamos todos.— Ciudad de México.
Source: Diario de Yucatán April 12, 2020 05:03 UTC