Para entenderlo, conviene volver a Edgar Allan Poe y a La carta robada: a veces lo decisivo no está enterrado en un escondite imposible, sino a plena vista, justamente donde nadie mira. La carta existía, pero estaba guardada en el cajón más profundo del escritorio. En La carta robada, la policía fracasa porque busca con métodos sofisticados lo que el ladrón dejó a la vista, confiado en que nadie sospecharía de lo obvio. Al final, la pregunta que dejan los casos Zambada y Wedding no es sólo quién cayó, sino qué aprendimos. Si buscamos la carta donde siempre la hemos buscado, la perderemos otra vez.
Source: Excélsior January 29, 2026 09:17 UTC