Una reforma no se mide por la audacia de quien la propone, sino por la responsabilidad de quien decide frenarla. Si eso es cierto, entonces no se entiende por qué habría de colocarse sobre la mesa una eventual revocación de mandato. La sola insinuación revela la trampa política y jurídica: convertir un instrumento de control ciudadano en una plataforma para ayudar a su partido apareciendo en la boleta. Cuando el empresariado advierte que “la mejor reforma electoral es que no haya reforma electoral” está diciendo algo más profundo: que el país necesitacertidumbre institucional, no una nueva ronda de rediseño partidista. No es una recesión declarada, pero sí un cuadro de fragilidad que exige prudencia política.
Source: Excélsior March 27, 2026 18:49 UTC