Por regla general, las y los políticos están dispuestos a decir casi cualquier cosa con el propósito de ganar el favor del voto de las y los electores. Es decir, no es que mintieran para llegar al poder, sino que realmente creían las barbaridades que declaraban ante las muchedumbres. Pero lo anterior no debe confundirse con el hecho de que esos discursos sean mejores que los presentados o elaborados en décadas previas. Porque ahora estamos ante una tendencia en la cual las y los profesionales de la política recurren con cada vez mayor constancia -y también cinismo, debe decirse-, a la mentira como recurso articulador de sus alocuciones públicas. Ya se vio el efecto que algo así puede tener incluso en países donde se considera que se tienen democracias arraigadas.
Source: La Crónica de Hoy February 01, 2024 09:37 UTC