La captura de un jefe de Estado por una potencia extranjera —con la narrativa de que se trata de un “impostor”, “narcoterrorista”, “dictador” y “amenaza”— no sólo mueve piezas geopolíticas: Les mueve el tapete mental a millones. Y, cuando el piso se mueve, la mente hace lo que siempre hace: busca un barandal para apoyarse. La comunidad vive una grieta súbita entre lo que creía “imposible” y lo que ahora se exhibe como “lo hicieron”. Se rompe una frontera invisible, no sólo territorial, sino psíquica: ese límite íntimo que nos permite dormir pensando que el mundo funciona con cierta gramática. Eso es, quizá, lo más psicoemocional del episodio: no sólo lo que pasó, sino lo que sembró en la mente colectiva.
Source: EL Informador January 11, 2026 10:16 UTC