Allende, como el militar que era, estaba harto: harto de la derrota, harto de escapar, harto de los errores cometidos, harto de un ejército que no acababa de serlo. Una larga fila de carruajes con los jefes insurgentes, algunos acompañantes cercanos y la guarnición, llegaron a ese sitio en marzo de 1811. Los cuatro líderes: Allende, Hidalgo, Aldama y Jiménez fueron trasladados a Chihuahua para ser juzgados y ejecutados. En Acatita de Baján, en un terreno que, por cierto, es propiedad privada, aún existe la columna que recuerda el sitio exacto donde aquellos primeros insurgentes fueron capturados. Como en Puente de Calderón, la suerte, que quería decir decisiones, errores, aciertos e irreflexiones, todo eso fusionado, había sido adversa y trágica.
Source: La Crónica de Hoy March 17, 2019 06:22 UTC