El Estadio Panamericano vivió una de esas noches que quedan tatuadas en la memoria colectiva. El recinto de Zapopan lució abarrotado, teñido de azul y blanco, con miles de aficionados que acudieron con la ilusión de ver a los Charros de Jalisco hacer historia. Desde que Luis Payán realizó sus primeros lanzamientos, el respaldo desde las gradas fue ensordecedor, cada strike se celebró como un presagio y cada out se gritó como si se tratara del definitivo. El éxtasis llegó con el último out. En cuanto la pelota encontró el guante que selló la victoria, el Panamericano se convirtió en una fiesta interminable.
Source: EL Informador January 26, 2026 16:30 UTC