Ahora lo traigo otra vez a colación, como diría mi mamá, porque, sin regateos, al contrario, reconoció la calidad del discurso del Presidente de México en la reunión que esta semana se llevó al cabo en Washington, entre López Obrador y Donald Trump. Entre otras cuestiones, que con el discurso AMLO “se volvió a poner la banda presidencial”. Que tanto el discurso como la visita fueron “una proeza diplomática” porque Trump dijo lo que debía y el mandatario mexicano, lo que piensa. Esta reacción y la de un crítico desde siempre, Carlos Salazar Lomelín, líder del Consejo Coordinador Empresarial, CCE, a favor de la visita y del discurso, con un llamado/compromiso a la unidad nacional, me parecen noticias alentadoras para empezar a difuminar las divisiones que nos han marcado a los mexicanos los últimos años. Por supuesto, el encuentro es mucho más que un discurso, detrás hay un trabajo impresionante de los equipos diplomáticos, negociaciones, documentos, acuerdos, proyecciones a futuro, cálculos políticos claro está, pero el discurso es más que eso: la representación de un proyecto, de propósitos y metas, de mensajes escritos y no, de posturas y determinaciones, de la manifestación de límites y del reconocimiento de hechos incuestionables.
Source: EL Informador July 11, 2020 11:48 UTC