De vuelta a España, Serrat se encerró en un hotel de Calella de Calafrugell, un pueblo de pescadores donde solo era un turista más a los ojos cansados de la gente, borracha de sol y de mar. Como la vida reparte besos y bofetadas, con guitarra, casette y paciencia, el hombre fue escribiendo su álbum “Mediterráneo” que es como un pago del precio de caminar por el alambre. Debemos bañarnos de futbol y de poesía, que eso no cuesta y es rentable para el corazón. Es talento descriptivo y vital, es una forma de entender la belleza y cuando uno es pobre, carece de prisa. Seamos uno más como Serrat que creyó en la prosa de Miguel Hernández (1910-1942) “Tristes hombres, si no mueren de amores”.
Source: El Siglo de Torreón June 08, 2021 15:11 UTC