Afirmó que no tenía límites, salvo los que marcaba su propia moralidad. Además, pensaba que ciertos límites no solo son necesarios, sino, en ocasiones, muy convenientes. De hecho, en la educación, el verdadero arte consiste precisamente en establecer los límites adecuados: explicar las razones que los sustentan y, al mismo tiempo, ampliar nuestra capacidad de rectificar y comprender. Ignorar esos límites naturales abre la puerta, por un lado, al atropello de la dignidad ajena y, por otro, al inicio de la propia destrucción. Si no existen límites razonables, si todo se reduce al capricho, termino arrasando mi propia humanidad.
Source: Excélsior February 01, 2026 09:48 UTC