Suspiró el veterano: “Paciencia”... El nuevo cura párroco del pueblo predicó un sermón en el que condenó el feo vicio de la bebida. Difícilmente podrá haber un sermón que no me pegue por algún lado”... Don Chinguetas llegó a su casa. Pero luego el autobús giraba hacia la derecha, y era la gorda mujer la que caía sobre el bondadoso sacerdote. Le dijo la muchacha, que en el curso del evento le había hecho al tipo ofrenda de su doncellez: “No espero tanto, Libidiano. Muchas de sus promesas eran desmedidas, tanto que ahora ha tenido que patrasearse -esa expresión usan en Tabasco para no decir “recular”, que se oye retefeo- y declarar que sí las cumplirá, pero dentro de algunos años.
Source: El Mañana July 21, 2018 00:44 UTC