Lo anterior lo expresa la empresa a partir de un horizonte en el que parece todavía continuará una baja demanda de combustibles como resultado del confinamiento mundial al que ha tenido que someterse la humanidad como medida para contrarrestar la propagación del coronavirus por el planeta. Ahora, aunado a una baja en la demanda y el clamor mudial por fuentes de energía limpias, que no incidan más en el cambio climático, la empresa debe considerar también el aspecto laboral y proteger a su personal contra contagios de Covid-19, lo que sin duda también representa un fuerte gasto no considerado para su operación. Cada vez hay más señales de que Pemex dejó de ser negocio y una empresa de importancia global, señales que el actual gobierno no quiere ver mientras sigue apostándole todo a su rescate cuando ya la experiencia mundial muestra que ha dejado de ser buena idea petrolizar las economías. Cada vez surgen más señales de que la paraestatal ha dejado de ser redituable, a pesar de que se le inyecten miles de millones de pesos o que se invierta en proyectos como el de la refinería de Dos Bocas con la esperanza de que la empresa pueda reinstalarse en un mercado que hace mucho dejó de ser como se conoció en los tiempos de bonanza petrolera. Muy, pero muy atrás quedaron los sueños que alguna vez un mandatario hizo albergar a los mexicanos al decir que el país se debía preparar para administrar la abundancia luego del descubrimiento de yacimientos de petróleo en el Golfo de México, sueños que nunca se materializaron y que, por el contrario, sólo hicieron hundir más al país en la pobreza y el endeudamiento.
Source: El Universal July 10, 2020 06:22 UTC