Una vez contaminados los penales, se convertirían en poderosos focos de contagio por sus propias características de confinamiento, poca higiene y, la señalada como más preocupante, la ingobernabilidad en la que se encuentran muchos de estos centros de reclusión. A eso cabría agregar que otras naciones están imponiendo penas de reclusión para quienes desobedezcan la orden de restricción por la pandemia, especialmente si se les comprueba que son portadores del virus. Elementos tan básicos como disponer de camas individuales, acceso a agua potable y servicio de drenaje en óptimas condiciones, son una rareza. Como centros de readaptación, los reclusorios deben cumplir con condiciones mínimas de respeto a los derechos humanos, uno de los cuales es precisamente el de garantizar la salud óptima de los internos mientras dure su confinamiento. Y es que en las prisiones mexicanas hay de todo, menos una sana distancia.
Source: El Universal April 12, 2020 06:09 UTC