No, no fue su muerte lo que lo convirtió en inmortal. Que el azar o la fatalidad o alguna curva sinuosa nos hayan dejado temprano sin Ayrton Senna da Silva es una cosa. Que, en cambio, ese mismo infortunio y su prematuro deceso sean la razón de nuestra nostalgia otra muy diferente. No se trata de todo lo que pudo ser sino de lo que fue. Por eso su adiós sigue pegando más que su luminosa herencia.
Source: El Comercio May 04, 2018 13:52 UTC