Observar a militares en Sinaloa o civiles con armas largas y radios satelitales de comunicación es una postal, un lugar común. Eso es tan cotidiano como antes lo era ver al cartero, un rostro familiar de calles y vecindarios. El crimen no mide ni teme a las instituciones públicas, incapaces de garantizar algo tan básico como orden y seguridad. Pero hay más: la crisis de violencia se manifiesta al paralelo de la social, de la ambiental y, por supuesto, de la política. El cuerpo y la mente se adaptan a la anomalía.
Source: Excélsior January 31, 2026 17:07 UTC