La cárcel es un sitio duro para el preso y su familia, y quienes pasan por ese trance, como Keiko Fujimori, merecen respeto por su privacidad para que puedan tener un soft landing al salir. El problema de los políticos es que su espacio de privacidad se reduce frente al resto de ciudadanos porque en ellos suele existir el factor del interés público en varios aspectos de sus vidas. En los políticos es diferente, especialmente en aquéllos como los Fujimori, que han hecho de sus vidas un reality show. Hasta sus mensajes privados van por Twitter, reforzando un drama familiar que podría ser el insumo para una obra teatral tragicómica. En cualquier caso, dentro de lo difícil que han sido estos 394 días en cárcel, ojalá que Keiko Fujimori sepa sacarle algún provecho personal, por su bien y el del país, en lo que ella misma dice que será “la segunda parte de mi vida”.
Source: La Republica December 01, 2019 06:59 UTC